La directora de la Cátedra de Estudios sobre la Mujer de la UCAV, Sara Gallardo, participa en el III Congreso Internacional de Familia de la UCV

La directora de la Cátedra de Estudios sobre la Mujer de la UCAV, Sara Gallardo, participa en el III Congreso Internacional de Familia de la UCV

En este congreso jurídico se ha analizado la influencia del Covid-19 en la custodia compartida, la responsabilidad parental de los colegios y la vacunación

Ávila, 10 de noviembre de 2020. La directora de la Cátedra de la Mujer de la UCAV, Dra. Sara Gallardo, ha participado en el III Congreso Internacional de Derecho de Familia organizado por la Facultad de Ciencias Jurídicas, Económicas y Sociales de la Universidad Católica de Valencia (UCV) durante los días 3 y 4 de noviembre. El congreso, a cargo de la profesora Pilar Estellés, se ha centrado en los nuevos retos en materia de protección del menor, capacidad jurídica y ejercicio de la patria potestad en situaciones conflictivas.

Sara Gallardo González ha estado presente en una mesa redonda sobre el tema “El debilitamiento de las relaciones de familia: derecho a educar de los padres versus la libertad religiosa del menor” junto con Vicente Garrido y Teresa Cid. En ella ha abordado la cuestión de la libertad del menor y la maduración de la responsabilidad desde el punto de vista de la antropología.

En su intervención basada en reflexiones de G.K. Chesterton y F. Hadjadj, ha insistido en que la familia tiene que ver con una realidad de filiación, no con un proyecto de educación. Es decir, hay que subrayar los hechos más que las acciones, planes y decisiones humanas, para ver que el padre educa porque es padre y el hijo es educado porque es hijo.

La autoridad de los padres no procede de la cualificación, no es su base. Es una autoridad recibida, que conduce a buscar cualificación, pero que tiene eficacia propia, en el sentido de que así enseña el padre que él no es el Padre con mayúscula, sino que también es hijo, y que debe remitirse, junto con su hijo, a una autoridad más alta que la suya. Por otra, como esa autoridad suya proviene de un don y no de una cualificación, el padre no puede hacer del hijo una criatura suya, valorándolo según su escala de valores: debe acogerlo como un misterio. Como además esta autoridad responde al don de la vida, se convierte en un grito de júbilo ante el bien de la vida de su hijo, expresando así el padre que es bueno que exista y está contento de su nacimiento, que su llegada al mundo es un hecho incomensurable: “Esto es lo que aportan el padre y la madre, que no es incumbencia del experto ni del maestro. […] esa es la autoridad más profunda, que se distingue de cualquier cualificación utilitaria. Esa autoridad no instruye al hijo en función de tal o cual competencia particular, le manifiesta el misterio de la existencia como don recibido.” (F. Hadjhadj, ¿Qué es una familia?)

El peligro aparece cuando el padre quiere hacerse pasar por un experto. Esto transforma su autoridad en autoritarismo y el misterio desaparece en beneficio de los logros funcionales. Esto deforma la imagen de la familia. Otra desviación más sutil es la que se produce cuando la familia coloca la educación como prioridad, con la consecuencia de colocar al hijo en el centro. Françoise Dolto recomienda que el niño esté en la periferia para poder observar así el mundo adulto. Si no, preferirá no crecer para continuar siendo el ombligo del mundo al arropo de sus padres, incapaz de abrirse a los otros, hacia fuera.

Un “incompetente” padre o una madre que lo hace todo “como puede”, aleja a la familia espontáneamente de graves peligros para la educación de su hijo: la prioridad educativa y la obsesión pedagógica (que engendran egocentrismo y mentalidad utilitarista). Los impulsa más a ser que a hacer, a vivir en tierna proximidad más a formar un aula escolar, subraya Hadjadj.

Para Chesterton, la libertad moderna es miedo a soportar responsabilidades, ante el paso de convertirnos en hombres. “Somos demasiado tímidos para soportar responsabilidades”. La excusa para rehuir esta responsabilidad de educar es una falta de convicciones. Pero en realidad, “todos los educadores son totalmente dogmáticos y autoritarios. No se puede tener una educación libre, pues si se deja a un niño libre, no lo estaremos educando en absoluto.” (Chesterton, Lo que está mal en el mundo).

Por último, se abordó la cuestión: ¿elegir en materia de religión para los hijos es una intromisión? Concluye Chesterton: la no elección de una religión ya es también elegir una atmósfera para nuestros hijos, una atmósfera sin Dios que se hace irrespirable, y que expone además al hijo a las supersticiones, ideologías, que van a envolverlo nada más salir de casa. Es absurdo defender un concepto de educación que excluya toda religión y toda filosofía, porque cada parte de la educación se conecta con las demás partes y así ofrece un cierto sentido de la vida. Cada educación enseña una filosofía: o por dogma, o por deducción o por atmósfera. Pero la familia ya es una atmósfera. El padre “incompetente” enseña algo que no tiene precio: que el hijo le viene grande, porque tiene un origen por encima de él. ¿Qué es en definitiva una familia? Es el cimiento carnal de la apertura a la trascendencia.

 

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