Baja autoestima, depresión, ansiedad o trastornos alimentarios, consecuencias del mal uso de las redes sociales

Baja autoestima, depresión, ansiedad o trastornos alimentarios, consecuencias del mal uso de las redes sociales

Ávila,  7 de agosto de 2020. En la última década, las redes sociales han cobrado una especial relevancia tanto en la forma de comunicarnos como de relacionarnos, en especial en los adolescentes y los jóvenes adultos.

Irene Vicente, alumna del Grado en Enfermería de la Universidad Católica de Ávila, ha analizado el impacto del uso de las redes sociales en la salud mental y física de los usuarios.

En su Trabajo de Fin de Grado, detalla cómo algunas de las consecuencias provocadas por el consumo de redes sociales pueden derivar en trastornos de la alimentación o en problemas mentales por su uso indebido, así como los factores que los desencadenan.

Y es que, según afirma el estudio, el impacto de las RRSS en la salud de adolescentes y jóvenes que las utilizan de manera intensiva o indebida es mayoritariamente perjudicial. Sin embargo, las consecuencias pueden ser positivas si el usuario es responsable en el manejo de las redes sociales.

La repercusión en las personas que utilizan las redes sociales varía en función del tipo de participación, es decir, si el usuario es activo (publicar fotos o posts, comentar, dar ‘me gusta’) o pasivo (visitar otros perfiles), según el estudio. Aunque también sus antecedentes biológicos, psicológicos y sociales son factores determinantes.

Tal como indica la investigación, existe una relación entre el mal uso (o uso intensivo) de estas plataformas y el aumento de los efectos negativos como la insatisfacción corporal, la baja autoestima, la depresión, ansiedad o el impulso por conductas de riesgo y trastornos alimentarios. Una relación que se establece mediante moderadores como la comparación de apariencia.

Por un lado, el uso correcto y responsable de las redes sociales potencia los efectos positivos para los que fueron creadas, entre ellos el fomento de las relaciones interpersonales, de la comunicación, del aumento de la autoestima, de la inspiración y de la motivación para conseguir unos objetivos saludables. Por otro, los usuarios son quienes dan forma a las redes sociales con el contenido que publican y comparten.

Por ello, el estudio señala que la responsabilidad recae en todos. En este sentido, se debe hacer un uso sensato de estas plataformas para evitar fomentar las conductas de riesgo, así como dotar de herramientas críticas a los más vulnerables para prevenir los peligros asociados.

La investigación de la alumna del Grado en Enfermería, también asegura que el compromiso y la implicación de la Enfermería resulta fundamental para alertar sobre los riesgos del uso indebido de las redes sociales y prevenir así, las patologías asociadas.

El control de los factores moderadores intervinientes junto al desarrollo de la alfabetización mediática y nuevos recursos virtuales pueden ser medidas útiles. Aunque la promoción de un uso responsable de estas plataformas y unos hábitos de vida saludables son intervenciones enfermeras que aún están por desarrollar y podrían potenciar los beneficios en la salud de los usuarios, según se indica en el estudio.

Por último, el estudio concluye en la falta de investigación sobre este campo, ya sea por la novedad que supone el uso de las redes sociales o por la dificultad de acercamiento a los pacientes potenciales.

Por ello, Irene Vicente  asegura que se necesita una ampliación sobre las líneas de estudio futuras relacionando el papel de la enfermería con la prevención de los efectos negativos de las redes sociales y la promoción de buenos hábitos de vida.

   Irene Vicente

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