Victoria E. Lamas, doctora en Filosofía: “No son las formas, no es la metodología; lo que preocupa es la formación integral de la persona”

Victoria E. Lamas, doctora en Filosofía: “No son las formas, no es la metodología; lo que preocupa es la formación integral de la persona”

Ávila, 7 de octubre de 2020. Tras “la vuelta al cole” en la nueva normalidad, donde parecía que el gran reto era hacer todo como antes pero guardando una serie de normas sociales que lo harían todo realmente diferente, como reducir la ratio, el distanciamiento en el aula y el uso de mascarilla e hidrogel; la Dra. Victoria Eugenia Lamas, coordinadora del Grado de Maestro en Educación Primaria y profesora de la UCAV, ha analizado el “verdadero desafío educativo en la era Covid-19”.

Victoria Eugenia Lamas apunta que “todo el equipo educativo parece centrado en tratar de dar respuesta a las indicaciones de las diversas Consejerías de Educación, además de tratar de adaptar metodológicamente la enseñanza a un entorno flexible en el que pueda impartirse la clase en modalidad presencial, semipresencial y online”. Sin embargo, asegura que “la preocupación de muchos maestros va mucho más allá” porque “no son las formas, no es la metodología; lo que preocupa es la formación integral de la persona”.

“Muchos de nosotros nos preguntamos cómo dar respuesta al nuevo desafío de una generación que en una etapa como es la Educación Primaria, en que la socialización es realmente importante, ha tenido que estar confinada en casa, con situaciones a nivel personal, familiar y socio-económico muy complejas; una generación de niños y niñas que van a tener que aprender a darse a los demás sin poder compartir sus cosas como antes, a crear un vínculo afectivo con los otros sin que haya contacto físico. Hasta ahora nos habíamos centrado demasiado en lo material, creyendo podría arreglarlo todo y hemos visto que no es así”, apunta la profesora de la UCAV.

Por ello, indica que “es tiempo de aprender y de transmitir a los pequeños, que aunque no pueda compartir mis cosas materiales: mi cuaderno, mi goma de borrar o mi merienda; el otro me necesita, y es mucho más valioso ser generoso con mi tiempo, con mi actitud de respeto hacia los demás, con mi disponibilidad a la escucha. Necesitamos aprender a enseñar con cariño y con amor a cada uno de nuestros alumnos, de manera personal y única. Tenemos que saber estar, porque eso puede ser suficiente para generar un vínculo entre niños, o profesores y alumnos, que vaya mucho más allá de lo material y lo físico”.

Para Victoria Eugenia Lamas “es el momento de rescatar aquellas propuestas que nos hagan ir a lo interior”. A este respecto, la profesora de la UCAV propone “un principio y cuatro puntos cardinales de la pedagogía del Padre Tomás Morales, gran educador de la juventud a lo largo del siglo XX y cuyo legado sigue dando muchos frutos en la actualidad. El principio educativo es el del hacer-hacer y los cuatro puntos cardinales son: el cultivo de la reflexión, la mística de exigencia, el espíritu combativo y la escuela de constancia”.

“Hacer-hacer es despertar esas energías latentes que duermen en el corazón de todo joven”, apunta explicando que “educar en la responsabilidad y en la libertad, despertando en el corazón de los niños un ideal buscando siempre el bien de los demás. Tratar de responsabilizar a cada niño de pequeñas tareas tanto en casa como en el colegio, en bien de los demás”.

“Hace poco me contaba una compañera, que en su hogar habían comenzado a hacer turnos de tareas de casa durante el confinamiento: poner la mesa, ayudar a tender la ropa, ayudar a hacer las camas de los más pequeños, barrer, etc. Así, todos se sentían útiles y responsables, todos aportaban, ayudaban a los demás y aprendían a hacer la vida más agradable a los de casa. Con esta pequeña medida, había notado mayor alegría y orden, no solo en casa sino fuera de ella. A esto se unía un mayor sentido de responsabilidad con cada miembro de la familia”, recuerda Lamas. Por ello, considera que “es importante que los niños se sientan queridos y valorados tanto en el colegio como en casa; y la responsabilidad en pequeñas tareas implica un grado de confianza que tiene por respuesta el sentirse parte importante del grupo”.

“En este sentido, la mística de exigencia iría enfocada a estimular el potencial del niño en aquellas tareas para las que aparentemente tiene menos cualidades. La exigencia, no puede ser fría e irracional, siempre debe ser desde el cariño, el respeto y la confianza. Cuando un niño siente que se le pide algo (aunque en el momento duela o el natural sienta repugnancia) porque se confía en que puede hacerlo y se le presenta una meta más alta de aquello que se le pide, vuela y despierta en sí un potencial que parecía dormido. Pero ‘no (hay) que cansarse nunca de estar empezando siempre aunque aparentemente nada se consiga’. Muchas veces no hay mejores educandos, porque los educadores nos cansamos de educar en el verdadero sentido de la palabra. En estos tiempos por ejemplo, hay niños que pueden haberse vuelto retraídos, y que podrían aislarse no solo socialmente, sino intelectual y afectivamente del resto de compañeros. Tratar de que asuman responsabilidades que les hagan salir de sí y estar pendientes de sus compañeros, puede ser una buena forma de evitar un aislamiento mayor y una recuperación de esa alegría del encuentro con los demás”, señala Lamas.

“El espíritu combativo es un punto cardinal fundamental en la actualidad. Se refiere a la lucha contra nuestra desgana, contra el negativismo tan de moda en el ambiente, contra el ‘me apetece’ y ese individualismo que se ha acentuado más si cabe en los últimos tiempos” apunta la coordinadora del Grado de Maestro en Educación Primaria de la UCAV. Por ello, explica que “hay que tratar de que los niños descubran y acepten sus limitaciones y defectos y que aprendan a luchar contra ellos. Un niño envidioso, por ejemplo, nunca estará conforme con lo que tiene o la función que le toca desempeñar en el aula o en casa. Siempre estará buscando nuevas formas de conseguir lo de los demás o bien de ennegrecer los éxitos de otros. Dialogar con el niño para enseñarle a valorar lo que tiene y a compartirlo, a disfrutar del momento presente y alegrarse de los éxitos de los demás; es una forma de ayudarle a ser mejor”.

“La escuela de constancia, se enfoca al trabajo continuado de esas virtudes que queremos estimular en los alumnos, precisamente porque son medulares en la educación, y porque nos permiten generar esos vínculos persona a persona, alma a alma, que van más allá de lo material”, indica Victoria Lamas.

Para concluir, la profesora de la UCAV lanza una importante reflexión: “Enseñar a pensar y a hacerlo con profundidad” ya que para Lamas, “nada de lo anteriormente aludido tiene validez si no observamos nuestra realidad concreta, detectamos las necesidades educativas y el modo de afrontarlas. Tampoco podemos ser buenos maestros si cada día no nos paramos a pensar cómo podemos mejorar”.

Para poder cultivar la reflexión, propone una práctica muy eficaz como es el llamado “examen de conciencia”, “balance del amor o balance del día”. Se trata de dedicar 10 o 15 minutos, una o dos veces al día, a mediodía y por la noche, a revisar el día a día de cada uno. “Es una práctica que se puede hacer individualmente, tratando de recogerse en un lugar más o menos tranquilo, o bien en el aula por grupos (en clima de tranquilidad) e incluso en familia (en clima distendido, pero propiciando la tranquilidad necesaria para pensar). Este tiempo de reflexión, comienza dando gracias por todo lo bueno recibido, repasando los diferentes momentos del día. Este comienzo nos permite estimular la capacidad de agradecimiento sobre aquellos detalles cotidianos que nos son dados, lo que nos permite valorarlos más en adelante. A continuación, se pide luz a Dios para ver con objetividad en qué he fallado a lo largo del día mientras repaso los diversos momentos tratando de ver por qué me he dejado llevar de la pereza, de la envidia, del orgullo… En cuarto lugar, pedimos perdón a Dios y a aquellos que podamos haber hecho daño con nuestras acciones. En último lugar, nos ponemos un ‘correctivo’ que puede ser personal, familiar o como grupo de la clase, algo en lo que mejorar para mañana sobre aquello que no hicimos bien hoy, y un ‘autopremio’ si consigo mejorarlo”.  

“Cuando se trabaja en familia o en pequeños grupos en el colegio, es muy útil tratar de dejar que los niños expresen sus sentimientos y que pidan perdón, perdonen a otros y se sientan perdonados. También es conveniente ayudarles a ver sus posibles fallos, poniendo ejemplos concretos, así como el poner un ‘correctivo’ y un ‘premio’ en conjunto, de manera que estimulemos el crecimiento como grupo”, aconseja Lamas.

“A nadie se le escapa que vivimos tiempos recios, pero como decía la santa abulense, Teresa de Jesús: “En tiempos recios es menester amigos fuertes de Dios”. Nuestros alumnos nos esperan, las familias nos esperan, y nosotros los esperamos a ellos. Juntos caminaremos hacia un mundo mejor, no desde la reforma de las estructuras y las metodologías, sino desde la reforma del corazón, de cada corazón, de mi corazón”, concluye Victoria Eugenia Lamas.  

Aunque también añade que, como Coordinadora del Grado en Educación Primaria de la Universidad Católica de Ávila, “se tratará de forjar esas personalidades fuertes y maduras en nuestros alumnos (futuros maestros). Personalidades dispuestas a dar respuesta a un futuro incierto pero apasionante desde el ámbito de la Educación Primaria”.

 

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