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La Navidad en el Año de la Fe (por Mª del Rosario Sáez Yuguero)

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rectora webNo sé qué pasaría si Dios no naciera esta Navidad, si no tuviéramos belenes con su mula y su buey, ríos con sus puentes y lavanderas, pastores con sus ovejas parecidos a los de Gredos o la Moraña. No se que harían los niños, y no tan niños si no vinieran los Reyes Magos del oriente con sus regalos y esas estrellas que nos anuncian un acontecimiento galáctico, mas allá de nuestro planeta. Recuerdo un cuento radiofónico que se titulaba "Dios no va a nacer...".

¿Se imaginan ustedes qué tristeza y desesperanza habría en este mundo, atormentado por tantos problemas y no sólo económicos, si Dios no naciera, si Dios no hubiera nacido en Belén?

 

navidad nacimiento postal ucavEs verdad que a muchos hoy les molesta que hablemos de Dios y le querrían borrar de la historia, como si no hubiera existido. Les molesta decir feliz Navidad y hablan de fiestas; no quieren ver postales navideñas con belenes, ni a la Virgen con el Niño y San José. Es como si otra vez se repitiera la afirmación que hace San Lucas: "Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada".

Este Niño del pesebre de Belén, este Dios-con–nosotros nos llama a cruzar el umbral del establo, a entrar por esa puerta de la fe, Porta Fidei.

Benedicto XVI ha convocado este año el Año de la Fe, para que redescubramos el camino de la fe, para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo.

Siempre me han llamado la atención esos pastores de Belén que dejándolo todo, es decir nada, pues dormían al raso y sólo tenían unas cuantas ovejas, se pusieron en camino, fueron a la fuente de la Salvación y encontrando al Niño con su Madre, se volvieron a buscar a los "hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud".

El Año de la Fe es una ocasión de renovación para toda la Iglesia, para todos los laicos, cristianos de a pie, a participar activamente el la Nueva evangelización que salga al paso de la creciente secularización de nuestro mundo. "Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas" (Porta Fidei, 2).

Pero este año, de nuevo, celebramos la venida de Dios hecho niño pequeño e indefenso. Dios se hace uno de nosotros y nos trae lo que más necesitamos, el don de la fe, el mejor regalo que podemos tener esta Navidad.

¿Pero qué hacer para tener fe? El Papa nos dice en Porta Fidei que podemos encontrar un conocimiento sistemático del contenido de la fe en el Catecismo de la Iglesia Católica.

No podemos amar lo que no conocemos y en el catecismo podemos encontrar el fundamento de nuestra fe, el criterio para abordar los problemas de la vida cotidiana y lo que es mas importante, el encuentro con una Persona que es Jesús de Nazaret, que nación en Belén, que tomó nuestra carne, que murió para que nosotros tengamos la vida eterna y seamos felices en la tierra y en el cielo.

"La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación".

Pero mirando al portal de Belén, como no admirar la fe de María que acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería Madre de Dios.

Como no admirar la fe del bendito San José, custodio de la Madre y el Niño, que los llevó a Egipto para salvarlos de la persecución de herodes, la fe de los Reyes que confiaron en la luz de la estrella o los pastores que se fiaron del anuncio del Ángel.

Pero Navidad es tiempo de creer, de aumentar la fe pero también es tiempo de solidaridad, de intensificar el testimonio de la caridad.

«"¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: "Id en paz, abrigaos y saciaos", pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro.

Que en este tiempo de Navidad compartamos nuestra vida con el que está enfermo, marginado, excluido, con el que no tiene familia y necesita compañía. A veces una palabra cariñosa, una sonrisa ¡cuanto bien hace en quien lo recibe!

«Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» Estas palabras del Señor son una advertencia que no tenemos que olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida.

El camino de la fe nos ilumina de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo que vive en nuestro prójimo.

Cuando profundizamos en la fe, nos hacemos conscientes de que nuestra vida tiene sentido, que podemos amar a los demás como Dios nos ama, que hay esperanza.

Celebrar esta Navidad es una oportunidad que se nos ofrece para ponernos nuevamente en camino, como hicieron los pastores y encontrarnos con Aquel a quien no buscaríamos si no hubiera ya venido, como dice San Agustín.

¡Feliz Navidad!

Mª del Rosario Sáez Yuguero,

rectora de la Universidad Católica de Ávila

 

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